MERECIÓ LA PENA

Despedida a Monchi

Comienzo diciendo algo que tengo en común, supongo, con todos aquellos que se decidan a leer estas humildes palabras: el Sevilla es, para mí, algo importante. Algo muy, muy importante. No un entretenimiento ni un hobby, sino algo que, felizmente y a falta de sufrir por asuntos realmente graves, ocupa la mayoría de mi tiempo. Mi primer pensamiento por las mañanas y el último por las noches. Mi principal fuente de penas o satisfacciones, según el momento. No sé cómo sería yo de no existir el Sevilla, pero sí sé que sería una persona muy diferente a la que soy. Otra persona. Mejor o peor, no lo sé. Pero otra, otra muy diferente. Seguro que tú, Sevillista que me lees (ante todo, gracias) y que compartes mi locura y mi pasión, te sientes aquí identificado.

Me llegará algún día, como a todos, la hora de morir. No sé si será mañana (no lo parece), dentro de un año o de cincuenta. No sé si será sólo y olvidado, o acompañado de un buen grupo de seres queridos, si será en Sevilla o en cualquier otro lugar, si la dama de negro me sorprenderá sin apenas darme cuenta o si, en cambio, podré prepararme, si es que eso es posible, durante meses o años de una larga y penosa agonía. Sea como sea, algo sí es seguro: si el ideario colectivo está en lo cierto y, justo en el momento final, vemos toda nuestra vida proyectada en algún lugar de la mente, ahí estará el Sevilla. Amores, rupturas, nacimientos, muertes, experiencias buenas y malas de todo tipo… y en medio de todo, el Sevilla. Común a personas que van y vienen, a la niñez, la adolescencia, la madurez y la vejez… ahí estará. El Sevilla.

Me gustaría, en ese último momento, poder tener la lucidez y la capacidad de quedarme con lo bueno, obviando lo malo. Y si de buenos momentos hablamos, y el Sevilla está presente, prácticamente todos recordaremos las mismas fechas y lugares. No sabemos cuántos momentos nos quedan por añadir, pero los vividos ya no hay quien los mueva: Madrid, Barcelona, Montecarlo, Eindhoven, Glasgow, Turín, Varsovia… Basilea. Y otros, muchos otros. Y Nervión. Por supuesto, Nervión. La vida, que a veces es muy puta, se ve compensada por explosiones de alegría de esta magnitud. Por momentos como estos, pensamos y pensaremos, mereció la pena vivir.

Y un responsable principalísimo de poder haber vivido todos esos momentos eres tú, Ramón. No el único, pero sí el principal, por ser el común a todos. Por estar tanto con DON ROBERTO ALÉS, como con José María del Nido y José Castro, tanto con Caparrós y Juande Ramos como con Unai Emery y todos los que hubo en medio, por estar con, y traer a, Palop y Kanouté, Rakitic y Carlos Bacca, Vitolo y Kevin Gameiro, y no pocas decenas más de jugadores de leyenda. Por inventarte a otro Sevilla, cuando el propio Sevilla no ayudaba para nada a compensar lo puta que era la vida.

Vivir, lo digo hoy y lo diré cuando me toque, ha merecido y merecerá la pena, Ramón. Y, junto a las personas que han hecho, hacen y  harán que pueda afirmar algo así, y aunque no nos conozcamos, estás tú. Gracias, Ramón, por contribuir junto a los otros, de tu ámbito y del mío,  a que mi vida merezca la pena.

Gracias, Ramón, gracias. Y si quieres, hasta luego.

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